Brazatortas

Brazatortas

Venta de la Inés

Situada en el Camino Real de la Plata, cercana a la Venta del Molinillo, encontramos la Venta del Alcalde, que tenía Correo de postas y despacho de estanco. Hoy conocida como Venta de la Inés. Al ser regentada a partir de 1774 y hasta 1807 por Inés Ruiz Castellanos, y documentándose con este nombre por primera vez en 1820 en el Archivo de Almodóvar del Campo.

En Rinconete y Cortadillo Cervantes nos habla de ella:

“A esta sazón pasaron acaso por el camino una tropa de caminantes a caballo, que iban a sestear a la venta del alcalde, que está a media legua más adelante,…”.

Cabezarrubias del Puerto

Antigua Estación de Cabezarrubias

Estación de Caracollera

Estación de Caracollera

Ventillas

Ventillas

Almodóvar del Campo

Es mencionado por Cervantes en cuatro ocasiones en El Quijote, de las que destacamos las citas del capítulo XXIII:

“Se entraron por una parte de Sierra Morena que allí junto estaba, llevando Sancho intención de atravesarla toda, e ir a salir al Viso o a Almodóvar del Campo, y esconderse algunos días por aquellas asperezas por no ser hallados, si la Hermandad los buscase,…”.

“…ya por fuerza, ya por grado, le hemos de llevar a la villa de Almodóvar, que está de aquí ocho leguas, y allí le curaremos, si es que su mal tiene cura,…”.

Villamayor de Calatrava

Villamayor de Calatrava

Fuencaliente

Fuencaliente

Fuente del Alcornoque

A escasa distancia de la Venta de la Inés se halla la Fuente del Alcornoque, sitio de plática de Marcela y Crisóstomo, y lugar de enterramiento de éste, en el capítulo XII de El Quijote:

“…mandó en su testamento que le enterrasen en el campo como si fuera moro, y que sea al pie de la peña donde está la fuente del Alcornoque,…”.

“No está muy lejos de aquí un sitio donde hay casi dos docenas de altas hayas, y no hay ninguna que en su lisa corteza no tenga grabado y escrito el nombre de Marcela,…”.

Fuencaliente

Este lugar parece ser el elegido por Cervantes para situar la penitencia de Don Quijote donde reconoce en sus inscripciones a rústicos dioses, a los que confía sus quejas de desdichado amante recogido en el capítulo XXV de El Quijote:

“¡Oh vosotros, quienquiera que seáis, rústicos dioses, que en este inhabitable lugar tenéis vuestra morada: oíd las quejas deste desdichado amante, a quien una luenga ausencia y unos imaginados celos han traído a lamentarse entre estas asperezas, y a quejarse de la dura condición de aquella ingrata y bella, término y fin de toda la humana hermosura”.

“¡Oh Dulcinea del Toboso, día de mi noche, gloria de mi pena, norte de mis caminos, estrella de mi aventura, así el cielo te la dé buena en cuanto acertares a pedirle, que consideres el lugar y el estado a que tu ausencia me ha conducido, y que con buen término correspondas al que a mí fe se le debe!”.

La Bienvenida

La Bienvenida

Tirteafuera

Cervantes sitúa al doctor Pedro Recio de Agüero, médico de dieta de Sancho Panza, como natural de Tirteafuera en el capítulo XLVII de la 2ª parte de El Quijote:

“Oyendo esto Sancho, se arrimó sobre el espaldar de la silla, y miró de hito en hito al tal médico, y con voz grave le pregunto cómo se llamaba y dónde había estudiado. A lo que él respondió:

Yo, señor gobernador, me llamo el doctor Pedro Recio de Agüero y soy natural de un lugar llamado Tirteafuera, que está entre Caracuel y Almodóvar del Campo, a la mano derecha, y tengo el grado de doctor por la universidad de Osuna.

A lo que respondió Sancho, todo encendido en cólera:

Pues, señor Pedro Recio de Mal Agüero, natural de Tirteafuera, lugar que está a la derecha mano como vamos de Caracuel a Almodóvar del Campo, graduado en Osuna, quítese luego de delante;…”.

Pantano de Carboneras

Embalse de Carboneras

Fuente del Almirez

Fuente del Almirez

Río Montoro

Río Montoro

Minas del Horcajo

Minas del Horcajo

Argamasilla de Calatrava

Argamasilla de Calatrava

Cabezarrubias del Puerto

Cabezarrubias del Puerto

Arroyo de los Batanes

Continuando la ruta al sureste pasamos por el Arroyo de los Batanes, donde Don Quijote y Sancho Panza bebieron sus frescas aguas calmando su sed, en el capítulo XXI:

“Hecho esto, almorzaron de las sobras del real que del acémila despojaron, bebieron del agua del arroyo de los batanes sin volver la cara a mirarlos, tal era el aborrecimiento que les tenían por el miedo en que les habían puesto; y cortada la cólera y aún la melancolía, subieron a caballo, y sin tomar determinado camino (por ser muy de caballeros andantes el no tomar ningún cierto) se pusieron a caminar por donde la voluntad de Rocinante quiso, que se llevaba tras sí la de su amo, y aún la del asno, que siempre le seguía por dondequiera que guiaba, en buen amor y compañía”.

Río Tablillas

Río Tablillas

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